Sábado de suspenso: ¡”La casa de Colaza”!

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Muchas gracias queridos amigos por la compañía y lectura de mi post, los días han pasado muy rápido, nuevamente hemos llegado al día sábado, día en el que mi blog se torna místico y tenebroso, para quienes disfrutan de las películas de terror, es momento de una pausa y disfrutar una lectura, hechos naturales o sobrenaturales de la vida, tenebrosas leyendas que nos contaron nuestros padres. Te invito a disfrutar de una leyenda urbana como lo hacíamos en nuestra niñez.

 

La tierra sin mal a lo largo de la historia albergo diferentes culturas, creyentes y supersticiosos de las cosas paranormales y del más allá, según sus creencias entre la tierra y el infierno existe un portal, por donde asiduamente hay entidades que regresan a sus hogares o lugares de orígenes.

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Bienvenidos queridos amigos a otro sábado de suspenso, los correntinos somos muy supersticiosos, desde niños fuimos inculcados a creer y respetar las cosas paranormales, la tierra sin mal alberga miles de historias de hechos que han sido presenciados.

 

Mi madre nació y creció en un paraje llamado san Judas, (en honor al Santo Patrono San Judas Tadeo), un lugar alejado de toda civilización, una colonia olvidado en el tiempo. En algún momento fue un lugar muy prospero, la economía local cayo con los cambios propuestos por la gobernación correntina.

 

Los padres de mama debieron mudarse del lugar buscando un lugar que les permitiera vivir dignamente, en el paraje quedaron algunos parientes de mi madre, personas aferradas al campo y sus tierras, unas de ellas es Colaza, una prima mayor que mi madre.

 

Colaza es una mujer muy sufrida, todo lo que conoce es cuidar a su familia numerosa y labrar la tierra de sol a sol, su marido (Esteban) siempre fue muy haragán, nunca aporto nada a la familia, más que procrear hijos.

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La prima de mi madre por suerte obtuvo del departamento de acción social una pensión por ser madre de más de siete hijos, para poder cobrar su dinero debía viajar a la capital correntina, la noche anterior del día de cobro, venía a visitarnos y se quedaba a dormir en nuestra casa, con la intención de ser unas de las primeras en la fila de las cajas del banco.

 

Los primeros días de cada mes teníamos la visita de Colaza, muy avergonzada pedía disculpas por las molestias que ella creía que ocasionaba, sin embargo para nosotros era una gran compañía y siempre se lo hacíamos saber.

 

La prima de mama en cada visita nos invitaba a que fuéramos a pasar unos días en su casa de campo, al llegar las vacaciones de invierno decidimos aceptar su invitación.

 

En aquella época yo tenía unos nueve años de edad, no hacía mucho tiempo en que mi madre se separó, estábamos viviendo en el Barrio Ponce, otro lugar olvidado en el tiempo, no muy distinto al lugar en donde vivía Colaza. ¡La única diferencia! Ella tenía un campo llenos de animales y en cercanía un brazo del rio Paraná

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Vivir en ese lugar para un niño de nueve años puede ser un sueño, correr por la pradera en compañía de animales silvestre es algo único, visitar el riacho y disfrutar las frescas aguas del río era incomparable, todo indicaba que serían días muy divertido.

 

En mi provincia las vacaciones de invierno son dos semanas, para aprovechar más días, nos fuimos al campo el mismo viernes al terminar las clases del colegio, llegamos casi de noche y muy cansados, hablamos un poco con la prima de mama y nos fuimos a dormir.

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A la mañana siguiente Colaza nos preguntó si dormimos bien y si alguien nos había molestado, la verdad que con el cansancio que teníamos, apenas tocamos la cama nos dormimos hasta el otro día, podían saltar sobre nuestro, que no sentiríamos nada.

 

Ese día la pasamos bárbaro, jugué todo el día con los niños de la prima de mama, ese lugar es increíble, jugábamos desde que salía el sol hasta que desapareciera, mama colaboraba con Colaza en labrar la tierra, al igual que yo, al tocar la cama se quedaba dormida, con este ritmo de vida la primer semana paso volando.

 

El día lunes de la semana siguiente amaneció lloviendo, cuando llueve, el campo es lo más aburrido que hay, no hay mucho por hacer dentro de la casita de adobe, más que dormir, llovió toda la mañana y parte de la tarde, para cuando paro de llover el día se había ido, no pudimos hacer grandes cosas.

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Colaza preparo la cena temprano y nos fuimos a dormir, como dormimos todo el día, era imposible conciliar el sueño, dábamos vuelta y vuelta en la cama sin poder dormir, la vida en el campo no es como vivir en la ciudad, ahí no hay luz eléctrica, televisor, ni nada que te mantenga entretenido, cuando sucede estas cosas, ahí se mata el tiempo contando cuentos, chistes o leyendas del lugar.

 

Para poder dormirnos mi madre comenzó a recordar cosas de cuando era niña y jugaba en cercanía de allí con su prima, en eso estábamos, cuando comenzamos a escuchar ruidos dentro de la pieza en donde dormíamos, era como si alguien más estuviera en la habitación, sentíamos como si alguna persona buscara algo dentro de nuestros bolsos en donde guardábamos nuestras pertenecías.

 

Oíamos unas risita muy contagiosas, escuchábamos como si revolvieran nuestros bolsos y encontraran algo divertido, porque nuevamente estaban las risas, mama no aguanto y pregunto quién estaba ahí.

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La pieza queda en silencio, tan silenciosa que nos dio miedo, un escalofrío pasó por nuestra piel, no se podía escuchar nada, la incertidumbre nos estaba matando, cuando de repente comenzaron a volar las cosas por todos lados.

 

Las cosas de nuestros bolsos volaban por el aire y nos caían en todas las direcciones, como si fueran muchas personas que estaban ahí dentro, nos abrazamos con mi madre quedándonos muy quieto, ante nuestra quietud todo volvió a la normalidad.

 

Nuevamente escuchamos como si alguien buscara algo dentro de nuestro bolso, luego nuevamente esa risita, no era una risa normal, era finita y demoniaca, daba terror al oírla, mama me abrazaba y decía que nada nos iba a pasar, que cerrara el ojo y tratara de dormir como los otros días, en que no escuchamos nada, así lo hice, hasta que finalmente me quede dormido.

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Ni bien aclaro salimos corriendo de la pieza en donde dormíamos, cuando Colaza se levantó nos preguntó si algo malo había sucedido, cuando comentamos lo sucedido, nos contó que eso sucede hace varios años por temporadas, en algunas épocas del año, aparecen unos duendes que se apoderan de las casas del lugar.

 

Son unos duendes traviesos, no hacen daños a las personas, son muy curiosos, por las noches revuelven toda la casa y si se les habla es como si se asustaran, porque comienzan a tirar todas las cosas hasta lograr que reine el silenció.

 

No hace falta decir que nos fuimos de la casa de Colaza ese mismo día, no queríamos saber nada de duendes, según los niños de la prima de mama, ellos los vieron a los duendes, son pequeños y de diversas formas, que parecen amigables y no tienen cara de malos.

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Esta es otra historia que alberga la tierra sin mal, algo que vivimos en casa de la prima de mama, nadie puede certificar que estas historias de duendes sean ciertas, como dice mi madre. Que las hay las hay.

 

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