Martes de leyenda Y cuentos “perdiendo todo”

Fuente: Pixabay

Muchas gracias queridos amigos por la compañía y lectura de mi post, los días han pasado muy rápido, nuevamente hemos llegado al día martes, día en el que mi blog se torna místico y mágico, es momento de una pausa y disfrutar una lectura con el encanto de una leyenda, hechos naturales o sobrenaturales de la vida, mágicos episodios que nos contaron nuestros abuelos, o aquella amorosa lectura que nos proporcionaron nuestros padres antes de dormir. Te invito a viajar en el tiempo y disfrutar una hermosa leyenda como lo hacíamos en nuestra niñez.

 

La vida es un verdadero misterio, nunca sabes lo que te espera, No a todos nos toca vivir de la misma manera. Lo cierto es que vamos por el mundo sorteando obstáculos y eligiendo caminos

caminos que nos lleve a la felicidad, hacemos muchas cosas en busca de esta satisfactoria sensación, invertimos tiempo y dinero buscando la felicidad y muchas veces los tenemos muy cerca nuestro y no nos damos por enterado, la felicidad puede estar junto a ti, solo debes ser capaz de verla.

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La historia de hoy nos llevara a un lugar mágico e increíble, Un hermoso lugar lleno de misticismo e historia. Este relato está inspirado en la moraleja de “Las piedritas” trata de un hombre que camina en la oscuridad de la noche, en su paso tropieza con una bolsa que contiene piedras, para matar el aburrimiento va arrojándolas al mar, arroja todas menos una, al llegar a su hogar se sorprenderá con lo que había encontrado, una hermosa historia que comienza así.

 

Hace mucho tiempo, en un lejano poblado vivía un gran hombre, querido y respetado por todo aquel que lo conocía, muy bueno con los vecinos, bondadoso con los amigos, y muy servicial con sus compañeros de trabajo, se encargó de construir una muy buena relación.

 

Con el paso del tiempo, era evidente que algo sucedió con el hombre, todas sus relaciones se alejaron, no paso mucho para notar el alejamiento que hubo en sus relaciones, el hombre era muy sociable, al sentirse solo, tomo la determinación de mudarse de pueblo.

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No se fue muy lejos del lugar en donde había nacido, solo tuvo que caminar varios días hasta el poblado más cercano, una vez allí y como era de esperar, poco a poco fue construyendo sus relaciones y nuevas amistades, todo esto tenía sentido, ya que al parecer, el hombre no tenía nada de malo.

 

Una vez más, pasado los meses, era evidente que algo sucedía con el señor, nuevamente sus relaciones se alejaron de él, la primera vez trato a sus allegados de pretenciosos, esta vez a una extraña casualidad.

 

Lo cierto es que se volvió a mudar, tal como la vez anterior fue construyendo sus relaciones y nuevas amistades, como un paradigma, sus nuevas relaciones de la noche a la maña se volvieron alejar de él.

El hombre no podía creer lo que está sucediendo, analizaba la situación y no podía encontrar la causa de que las personas se alejaran. Una vez podía pasar, dos podría ser, pero tres veces por la misma situación, no era aceptable.

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Al no poder encontrar la respuesta a su problema, consulto con unos de los vecinos más allegado, el vecino no tuvo inconveniente en dar su punto de vista, dijo que era un buen hombre, con buenas acciones, muy trabajador y gentil, sin embargo, una persona que no apreciaba lo que tenía, si mirara un poco alrededor, vería la necesidad que tienen las personas y el teniendo todo no paraba de seguir queriendo más.

 

Como la respuesta no fue la esperada, decido marcharse en ese mismo momento del pueblo, no le importo caminar en la oscuridad de la noche.

 

Mientras caminaba pensaba las palabras del vecino y sacaba conclusiones en vos alta.

 

¡La vendad no entiendo a las personas, soy un hombre que se conforma con poco!

 

-Si tuviera un campo grande y muchos ganados sería un hombre complacido.

-Si tuviera muchos caballos para controlar la granja, sería un hombre complacido

-Si tuviera herramientas para labrar la tierra, sería un hombre complacido

-Si tuviera a la mujer perfecta a mi lado, sería un hombre complacido

 

El hombre caminaba enérgicamente en la oscuridad de la noche, relatando a viva vos todo material que provocaría una felicidad en él, algo toco con sus pies, al no ver de qué se trataba, se agacho y palpo con sus manos.

Se trataba de una pequeña canasta, en su interior contenía pequeñas piedras. ¡Qué extraño! Quien se tomaría el trabajo de guardar piedras en una pequeña canasta, sin pensarlo dos veces, tomo la canasta en sus manos y lo llevo consigo.

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Después de un rato, volvió a relatar todo lo que lo haría feliz, al pronunciar la frase final, arrojaba una piedra al bosque, así fue como acorto el tiempo de caminata, las pequeñas piedras también se habían agotado, en el interior de la canasta solo quedaba una, al llegar al pueblo, bajo la luz del farol de un negocio, pudo ver lo que había en la pequeña canasta.

 

El hombre no podía creer lo de su mala suerte, había tenido en sus manos una gran fortuna, en la pequeña bolsa había cientos de piedras preciosas con un valor incalculable.

 

La historia por extraña que parezca, es una representación de nuestras vidas, vamos por ella deseando lo que no tenemos, haciendo cualquier cosa por tenerla, en el proceso vamos perdiendo valiosos seres queridos y cuando tenemos lo valioso en nuestras manos no lo apreciamos, hasta el momento en que se acaba.

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