Sábado de suspenso: ¡”El sapo de caña”!


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Muchas gracias queridos amigos por la compañía y lectura de mi post, los días han pasado muy rápido, nuevamente hemos llegado al día sábado, día en el que mi blog se torna místico y tenebroso, para quienes disfrutan de las películas de terror, es momento de una pausa y disfrutar una lectura, hechos naturales o sobrenaturales de la vida, tenebrosas leyendas que nos contaron nuestros padres. Te invito a disfrutar de una leyenda urbana como lo hacíamos en nuestra niñez.

 

La tierra sin mal a lo largo de la historia albergo diferentes culturas, creyentes y supersticiosos de las cosas paranormales y del más allá, según sus creencias entre la tierra y el infierno existe un portal, por donde asiduamente hay entidades que regresan a sus hogares o lugares de orígenes.

Bienvenidos queridos amigos a otro sábado de suspenso, los correntinos somos muy supersticiosos, desde niños fuimos inculcados a creer y respetar las cosas paranormales, la tierra sin mal alberga miles de historias de hechos que han sido presenciados.

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La tierra sin mal puede llegar a ser una verdadera aventura para cuando eres un niño, alberga cientos de lugares hermosos para visitar, bosques arbolados, lagunas de aguas azules, lagos sombríos y praderas cubiertas de zetas, salir a caminar por los callejones arbolados en hora de la siesta se torna mágica, aunque todas estas cosas se ven privadas los días de lluvias.

 

La semana se hizo largo, eran épocas de pruebas finales en el colegio, días para demostrar todo lo aprendido durante el año, finalmente llego el día sábado, todo estaba planeado del día anterior, futbol por la mañana, después de almorzar una visita a la mágica lagunita del barrio, finalmente algunos juegos en el bosque.

La ansiedad de la planificación no me dejo dormir, antes de que saliera el sol ya estaba levantado, el cielo se veía gris, una mala señal para nuestros juegos, algo que después de desayunar lo comprobaría, el agua que emanaba de las nueves gris, decían que el día estaría negado, vivir en un lugar así con lluvia puede ser lo más aburrido que pueda existir.

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Mi madre tenía experiencia en estos casos, a ella le toco vivir situaciones similares, en estos casos nos entretenía contándonos algunas de las extrañas vivencias de sus tíos, así fue como nos relató la historia del sapo de caña.

 

El sapo de caña es un extraño animal, son animales grandes, en algunos casos como un perro, estos animales no son originarios de nuestras tierras, fueron traídos por inmigrantes para eliminar las plagas de los cañaverales.

 

Mi madre nació y creció en un paraje llamado San Judas, un lugar desolado y olvidado en el tiempo, ideal para que pasaran cosas extrañas. El abuelo era el mayor de muchos hermanos, entre ellos había un adolescente llamado Cornelio.

Cornelio era un intrépido joven, esos de que no le teme a nada, enamoradizo como él solo, de novio con muchas jóvenes del paraje, por esta razón, al caer la noche, ensillaba un zaino y salía a mariscar mujeres.

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Su madre era una mujer viejita de creencias nativas, siempre recomendaba que no saliera de noche y que tuviera mucho cuidado con el sapo de caña. Cornelio escuchaba a su madre y no podía para de reír al escuchar estas cosas, la abuelita siempre decía lo mismo, ¡Después no diga que no te advertí! Fin de la discusión.

 

El tío estaba muy enamorado de la hija del dueño del almacén de ramos generales, curiosamente Ignacio, un buen amigo del tío Cornelio, también quería el amor de Isabela, la bella joven no sabía por quién decidirse, en esas épocas, este tipo de disputa se resolvía a mano de puñal.

 

Cornelio en este tipo de contienda tenía mucha experiencia, Ignacio no era un buen rival, Ignacio esto sabia, pero los hombres muchas veces hacemos cualquier locura por el amor de una mujer. Cornelio quería mucho a su amigo, jamás lo lastimaría, trato de hacerlo entrar en razones, para ello le invito a realizar una proeza.

La prueba consistía ir al bosque y desafiar al sapo de caña. Según la creencia campera, el sapo de caña por las noches, si era molestado podía convertirse en un yaguareté muy bravo. Cornelio descreía de este tipo de mitos, creyó que su amigo no se animaría a realizar algo así, sin embargo, sorprendiendo a todos los presentes aceptando la proeza.

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Según la leyenda el sapo de caña por las noches hace un sonido muy extraño, algo muy similar al llanto de un niño pequeño, cualquiera que hiciera un sonido igual, desafiaba la presencia del sapo de caña.

 

Los amigos en la oscuridad de la noche salieron rumbo al monte, el camino era alumbrado por una tenue luz de la luna, al llegar en la profundidad del bosque comenzaron hacer el sonido del llanto del niño, rato más tarde comenzaron a escuchar ruidos de ramas que se rompían, señal de que alguien más estaba con ellos en el bosque.

 

Los ruidos se hicieron más frecuentes, el sonido de las roturas de las ramas indicaban que algo en la oscuridad estaba más cerca, en ese momento la luna está cubierta por las nubes, esto hacia que el bosque estuviera muy oscuro, en un destello de luz pudieron ver a un enorme sapo entre las ramas, Tan grande como el perro del abuelo.

El sapo abrió la boca y de ella salió el llanto del niño más tenebroso que pudiera existir, el valiente Cornelio se paralizo del miedo, vio como el sapo se agrandaba cada vez más, el miedo hizo que cerrara sus ojos, Ignacio saco fuerza vaya a saber de dónde y salió corriendo del bosque.

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Cornelio paralizado del miedo solo alcanzo a ver una gran sombra que paso corriendo por su lado, seguido de un viento muy frio, pasos más atrás escucho el gran rugido del yaguareté, al volver el destello de la luna, pudo comprobar que el sapo de caña ya no estaba.

 

Algunos segundos más tarde, detrás suyo escucho volvió a escuchar el tenebroso llanto del niño, luego el tradicional rugido del felino, seguido del desgarrador grito de auxilio pedido por Ignacio, Cornelio seguía en estado inmóvil, sus deseos era correr tras el felino, sin embargo por mucho que intentaba, sus piernas no respondía.

 

Solo pudo hacerlo tras escuchar dos disparos de escopetas, Cornelio recobro la movilidad de su cuerpo, salió corriendo en dirección a los disparos, corría tan veloz como podía por el estrecho camino, en un momento se encontró de frente con el yaguareté, paro su marcha y espero lo peor, sin embargo, el yaguareté paso por su lado sin hacerlo daño, el animal camina lentamente por el estrecho camino dejando a tras un regadero de sangre, señal de que estaba herido.

 

Cornelio no podía creer de su buena suerte, en otro momento el yaguareté no lo hubiera dejado con vida, tras correr y llegar a la pradera diviso un gran bulto, la nube se corrió dando paso a la luz de la luna. La clara luz de la luna dejo ver a Ignacio tirado en el suelo cubierto de sangre, mientras que un cazador trataba de ayudarlo, en su pierna izquierda, un gran torniquete impedía que se desangre.

El yaguareté ataco a Ignacio en la pradera, por suerte el cazador regresaba a su hogar con algunas presas de caza y pudo ayudar al joven, con el primer disparo logro que el felino soltara la pierda de Ignacio y con el segundo hizo que el animal se internara en el bosque.

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El hombre con la ayuda de Cornelio subieron a Ignacio sobre un caballo y ambos fueron a la casa del enfermero de la colonia, mientras el cazador fue tras el yaguareté, Cornelio dio las coordenadas de la dirección en que se dirigió el felino.

 

El cazador no pudo hallar al yaguareté en la dirección que indico el tío Cornelio, en su lugar encontró muerto a un enorme sapo, tan grande como un aguara, de su boca salía un gran trozo de carne envuelto con tela de jean, muy similar a la tela del pantalón de Ignacio.

 

Ignacio perdió su pierna y en compensación gano a la dama, mientras que el tío Cornelio comenzó a escuchar más a su madre, la conquista de mujeres las hacía en horario de la siesta.

 

Nunca se pudo comprobar si la carne que había dentro de la boca del sapo, era parte de la pierna de Ignacio y si el sapo de caña, era el yaguareté que ataco al joven. Sin embargo debo admitir que había muchas coincidencias con la leyenda del ¡Sapo de Caña!

 

Esta es otra historia que alberga la tierra sin mal, algo que vivo y escucho mi madre en su niñez, nadie puede certificar que esta historia sea ciertas, como dice mi madre. Que las hay las hay.

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