Sábado de suspenso: ¡”Las noches de amor de Cornelio”!

Muchas gracias queridos amigos por la compañía y lectura de mi post, los días han pasado muy rápido, nuevamente hemos llegado al día sábado, día en el que mi blog se torna místico y tenebroso, para quienes disfrutan de las películas de terror, es momento de una pausa y disfrutar una lectura, hechos naturales o sobrenaturales de la vida, tenebrosas leyendas que nos contaron nuestros padres. Te invito a disfrutar de una leyenda urbana como lo hacíamos en nuestra niñez.

La tierra sin mal a lo largo de la historia albergo diferentes culturas, creyentes y supersticiosos de las cosas paranormales y del más allá, según sus creencias entre la tierra y el infierno existe un portal, por donde asiduamente hay entidades que regresan a sus hogares o lugares de orígenes.

Bienvenidos queridos amigos a otro sábado de suspenso, los correntinos somos muy supersticiosos, desde niños fuimos inculcados a creer y respetar las cosas paranormales, la tierra sin mal alberga miles de historias de hechos que han sido presenciados.

La historia de hoy narro mi madre en un día lluvioso

hace muchos años vivíamos en el barrio Ponce, un pequeño barrió ubicado en el conurbano de la provincia, un lugar olvidado en el tiempo, casitas de adobe y paja, baños con letrinas, luz de candil y aguas de aljibes, sacar agua de allí era muy peligroso, estabas expuesto a que la tierra cediera y quedaras atrapado en el pozo tapado por una gran cantidad de tierra tuyuti
Fuente: Pixabay

En aquella época tenía ocho años de edad, la separación de mis padres, nos obligó a mudarnos, el dinero no alcanzaba para seguir viviendo en la capital correntina, motivos para vivir a este barrio de mala muerte.

De ver su presencia provocaba miedo, casas distantes inmersas en la espesura, calles de tierras rodeadas de atemorizantes árboles, que parecieran hablar con el crujir del viento, el sol era testigo de mis miedos mientras calentaba la tierra arenosa de sus calles.

Una niebla espesa se levantaba del este

mientras el sol se perdía entre los cañaverales de oeste, la presencia nublosa intensificaban mis miedos, el ocaso y la noche provocaba una preocupación en mí, leyendas lugareñas invadían mi mente, aquel niño desaparecido de manos del pombero, el ataque que vivo el vecino de lobizón o las noches de viernes en que se convertía en bruja la hija de Solís.
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Los relatos de mi madre eran un condimento extras para intensificar mi miedos, aquellas situaciones que vivo en su niñez o historias urbanas que conto su padre, del tiempo en que vivió en la colonia del paraje San Judas.

Aquel sábado estaba previsto un partido de fútbol detrás de la iglesia, algo que no se pudo hacer por inclemencias del tiempo, sentados en pequeños troncos de árbol oíamos a mi madre relatar lo sucedió a su tío Cornelio.

Cornelio estaba en la adolescencia, hacía poco tiempo había conocido a la mujer de su vida o su primer amor, dicen que los hombres enamorados hacemos cualquier cosa, con tal de ver a nuestra amada, el tío no era la excepción.

La tierra sin mal esta regada de sangre de nuestros hermanos, aquellos que murieron defendiendo la patria, infinidades de batalles se libraron, para desbaratar a los colonizadores que venían con la intención de explotar las riquezas de nuestras tierras.
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Los correntinos somos muy supersticiosos, desde niño fuimos inculcados a creer en cosas paranormales, hay quienes afirman, que aquellas personas que tuvieron una muerte trágica, sus almas vagan en pena al caer la noche.

La madre del tío Cornelio conocía de estas cosas, crio a sus hijos con recomendaciones ¡No salir del rancho una vez oscurecido! Sus palabras hacen ecos en la memoria de mi madre, aquellas advertencias que hacia la abuelita.

Tenga cuidado mi hijo, la noche es para estar encerrado en su casa, al salir la luna, las almas en pena andan rondando su lecho de muerte, estos lugares fueron campos de batallas, muchos inocentes perdieron la vida en ellas.
Fuente: Pixabay

Como era de esperar, el corazón enamorado de Cornelio, hacía superar los miedos que provocaba las recomendaciones de su madre, al caer la noche cabalgaba varios kilómetros para visitar a su amada, su corazón latía a miles de pulsaciones por minutos, mientras el galope del zaino ganaba terreno en la densa oscuridad de la noche.

Ruidos del que nunca había escuchado llegaban a sus oídos, la fuerza del viento movía las ramas de los árboles, tapando los gritos de dolor y lamento que salían de la garganta de un alma en pena, quizás algún soldado que murió defendiendo la patria y hoy su alma se encuentra atrapada en la tierra.

Varias horas de miedo debía pasar el tío Cornelio para gozar del amor de su amada, en ocasiones, frente a la única testigo. ¡La luna! Que con sus brillos dejaba ver a estos jóvenes enamorados consumir su amor, aullidos de lobos erizaban sus pieles, mientras llegaban al éxtasis del amor prohibido.

El cabalgar del zaino se repetía a diario, veloces galopes a campo travieso incentivado cada tanto por el golpe de teyuruguay que propinaba el tío Cornelio, desafiando a las almas en penas que habitaban el lugar .
Fuente: pixabay

El tío Cornelio cabalgaba seguro sobre su caballo, sabía que en la zona no había caballo que corriera tan veloz con el zaino, cada noche era desafiante cruzar los caminos oscuros que rodeaban el cementerio o el de la laguna, donde se libró la batalla de laguna brava, unas las peores batallas que libro mi pueblo, en el que cayeron muertos centenares de correntinos, aún hay quienes aseguran que sus almas vagan en pena por el lugar…

Esa noche la luna iluminaba el camino como si fuera de día, a lo lejos vio dos caballos que corrían veloces en su dirección y por más que apuraba los pazos del zaino, los caballos se acercaban cada vez más

a pocos metros de él cabalgaban velozmente los caballos, en su lomos no se podían ver a los jinetes que conducían a los animales, algo raro de ver, por lo general los caballos no corren a esa velocidad sin sus jinetes.
Fuente: Pixabay

A escasos metros escucho las voces de los hombres que cabalgaban los caballos, el miedo entumeció el cuerpo del tío, miraba atónito a los caballos sin poder ver a las personas que les hablaban.

En ese instante del relato, un viento frio ingreso al galponcito, donde mi madre narraba la experiencia del tío

erizando nuestras piles al momento en que un fuerte trueno ensordeció el lugar, mi madre no pudo evitar hacer la señal de la cruz ¡Dios mío apiádate de nosotros! Mire a mi madre y vi su rostro transmitir miedo, la escuche titubear al retomar el relato. Recuerdo como si fuera hoy, el día que mi tío conto la historia, sus manos aún seguía temblando, su vos se entrecortaba a medida que avanzaba el relato decía mi madre.
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¡Detén la marcha del caballo!

Eran las voces que escuchaba sin ver de donde provenían, se suponía que fueran jinetes de los dos caballos que corrían velozmente a su lado.

¡Por favor no bayas en esa dirección! Mil metros de aquí está el enemigo y están acabando todo a su paso.

El tío seguía corriendo sobre el zaino, en un momento dado, se sintió liviano, era como si volara en el aire, seguido de un fuerte golpe en sus costillas, golpe que dejo marcas al romper tres de sus costillas.

Ahora, tirado en el suelo podía ver a muchos caballos, galopar velozmente a la vera de la laguna Brava

esa noche comprendió no desafiar las historias de su madre, según nuestras creencias, las personas que son rebatadas sus vidas, vagan siempre alrededor de su lecho de muerte.
Fuente: Pixabay

Esta es otra historia que alberga la tierra sin mal, algo que vivo y escucho mi madre en su niñez, nadie puede certificar que estas historias sean ciertas, como dice mi madre. Que las hay las hay.

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